Se pidió el apoyo del hincha número 12. La gente respondió como tantas veces. Por altoparlante informaban que 5968 personas (aprox) habían asistido al estadio, pero la verdad estoy seguro que fuimos muchos más quienes estábamos allí. Era la última opción, Ñublense venía mejorando futbolísticamente, y hoy era la opción de consagrar esa alza futbolística.

Un primer tiempo intenso, con jugadores que proponían intensidad, con un Octavio Pozo que aleonaba a la parcialidad y un David Tapia que aunque cometió un penal, fue un “canapé” en cancha, participó en todas, defendiendo, atacando, recuperando pelotas…  de paso, si lees esto David, déjame decirte que un error lo comete cualquiera y que aunque no te conozca, espero y deseo que sigas con esa garra, porque has sido de los buenos jugadores (que son pocos) de esta temporada y estoy seguro, que ganando mucho menos que varios “refuerzos” la camiseta no te quedó grande.

Sin embargo, el partido desde el minuto 10 del segundo tiempo, comenzó un conformismo que molestó a todos los que pudimos estar en galería o tribuna. Un contrato “tácito” o una especie de “pacto” entre Copiapó y Ñublense, que terminó dando vergüenza ajena. Un cuadro nortino que quedó con uno menos, y que refugiándose, vio como el rojo de todos no se atrevía a hacer más. Solo a Pozo vi que decía a sus compañeros que mojaran la camiseta, y es que “super ocho” se ha transformado en una especie de “Tribuno de la Plebe”, esos que en el Imperio Romano se preocupaban de canalizar las demandas del pueblo… y es que los gritos de Pozo reflejaban lo  que la hinchada pedía: corazón y  garra.

Aunque Copiapó jugaba con uno menos, la verdad es que Ñublense también perdía a uno cuando se lesionaba Varas. Sí, un Varas que solo hizo un gol en la segunda rueda del campeonato, un Tatán que no está a la altura de lo que era antes, pero que por lo menos le pone garra y cuando falta fútbol, vaya que se valora un espíritu aguerrido. Y es que Fiorina es un hombre menos, es un cero a la izquierda, un fantasma. Un hombre que pese a su estatura no gana balones aéreos, que pese a su espigada figura, cualquier jugador lo derriba al césped, que no tiene ni posicionamiento en cancha, ni tampoco velocidad.

Podría volver a señalar lo que otras veces he escrito: Rubén Espinoza debe irse, ya que como gerente deportivo, su administración ha sido desastrosa, superándose solo en que cada vez logra encontrar peores jugadores para el equipo, pero ¿para qué repetir lo evidente?

Sí, tuvimos un jugador “de más”. Jugábamos en casa con 7 u 8 mil personas. Se pidió el apoyo de la gente y esta respondió. Pero con el 2-1 de Wanderers sobre Arica apareció la mediocridad. Ese “acuerdo” que aunque no tuvo apretón de manos, se hizo evidente en la cancha. Y la gente no lo perdonó. Yo tampoco. Me dio vergüenza y recordé ese partido en que descendimos de primera A con Cobreloa y que pese a que Ñublense ganó, no pudimos mantenernos porque dependíamos de que O’Higgins ganara a Antofagasta o de que San Marcos perdiera frente a Audax, pero que como bien recordarán varios, los equipos jugaron de tal forma que el único perjudicado fuera Ñublense. Así ganaban todos… menos Ñublense.

Sí, hoy nos quedamos. Hoy Ñublense no descendió a Segunda División. Hoy se consagró un plantel que hecho para subir a Primera División, terminó zafando por un punto. Hoy dimos vergüenza en la cancha, y más enojo se tiene, cuando los que somos hinchas de este equipo, hemos visto que a través del tiempo esta institución ha sido el reflejo del ñublensino esforzado de campo, ciudad y mar de nuestra región, pero que hoy fue ajeno a ese espíritu de esfuerzo y garra. Sí estimados, hoy nos quedamos, nos quedamos sin espíritu, nos quedamos sin correlación entre el esfuerzo del ñublensino, y la mediocridad del jugador rojo. Me van a disculpar, pero siendo hincha fiel cada fin de semana, hoy debíamos descender. Mis respetos a San Marcos que lo dejó todo, jugando de visita ante un tremendo Santiago Wanderers, pero hoy, por fútbol y por lo indigno del partido, nosotros deberíamos haber descendido.

Sí, hoy nos quedamos… con un poco menos de identidad. Sí, hoy nos quedamos… sin dignidad.

Cristobal Catejo Chacón
Cristobal Catejo

Profesor de Historia, Geografía y Cs. Sociales.

Hincha de Ñublense.

Columnista desde la mente, relator desde el corazón.

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