Opinión Cristobal Catejo

El ambiente era ideal… el cielo despejado, una temperatura agradable, y como hace mucho tiempo, hubo que hacer fila para poder entrar al estadio… mientras aumentaban los silbidos en la cola de ingreso, podía oír la barra cantar mientras el bombo se sincronizaba con mi corazón y se escapaba el humo de los anticuchos por un recodo de la norte hacia Manuel Plaza.

Hoy estrenaba mi nueva camiseta de Ñublense, nueva para mi porque era de dos temporadas atrás. Quizás el blanco de la camiseta simbolizaba mi esperanza, de ver algo distinto y la verdad, lo vi. Ñublense jugó. Sí, puede parecer una cosa lógica porque técnicamente juega (casi) todos los fines de semana, pero creo haber visto el mejor partido de Ñublense en muchas fechas, pero parecía que el arco no quería nada con nosotros. Se atacó, hubo un equipo sólido en defensa, pude ver intención y ganas de jugar. Sí, parece lo mínimo, pero es más de lo que había visto desde hacía meses. Del partido la verdad para que decir mucho… pelotas de gol a las nubes, palos, tiros a fuera y punto aparte el show del arquero rival, pero sinceramente en un momento me dieron ganas de llorar… no sé si por nuestro eterno infortunio de estar sufriendo, porque no podíamos hacer el gol, o por ver a las casi 5 mil personas que llegaron y que me hacen pensar que esta ciudad, no se merece a los mediocres dueños del club, porque estemos de acuerdo o no con el modelo de sociedades anónimas en el fútbol, estos extranjeros no solo desconocen lo que es ser chillanejo o ñublensino, sino que además son malos empresarios. El empresario invierte para maximizar ganancias, pero acá, hacemos planteles caros para siempre estar en medianía de tabla o evitando el descenso. No sé por qué sería la emoción, la pena que me dio por ahí por el minuto 30’ del segundo tiempo. Finalmente el silbato y terminó el partido. De salida por Manuel Plaza hacia Huambalí, veía a muchos reir de la “mala suerte” del equipo mientras caminaban. Los miré y me di cuenta que no había camiseta, eran turistas del estadio, esos que van porque es un panorama más y no el deber de un hincha de verdad. Por el lado pasó otra persona con una camiseta de varios años atrás, con el rostro igual de inexpresivo que el mío, como si nos hubiesen dado un Knock Out, mientras pasaba un señor de camisa con la radio a pilas, la que decía “Ñublense se mantiene a dos puntos de Arica, aunque este tiene un partido menos”. Y ahí mi corazón siguió dividido… ¿salvarnos para seguir con campañas mediocres?, ¿descender para que Alí Babá y sus secuaces vendan el club? Y la verdad no supe que era mejor. Solo se, que estaré pegado a la radio el próximo fin de semana, y el domingo siguiente, como cada partido con la camiseta en el pecho rumbo al estadio, aunque no sé si con la blanca de esperanza, la roja de pasión… o la negra de luto.

Cristobal Catejo Chacón
Cristobal Catejo

Profesor de Historia, Geografía y Cs. Sociales.

Hincha de Ñublense.

Columnista desde la mente, relator desde el corazón.

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