Hoy, se han anunciado los cambios curriculares que comenzarán a implementarse desde el año 2020 y el revuelo e indignación ha sido generalizado.

Académicos, profesionales, estudiantes y población en general, se han expresado en torno a dichos cambios, que como elementos más destacados, trae la no obligatoriedad de Historia y Educación Física en 3° y 4° medio a la vez que aumentan las asignaturas electivas, la cual comprende una serie de nuevas asignaturas que van desde la geometría 3D hasta la estética, ambas son dos, de las veintisiete opciones que tendrán los estudiantes. Sin embargo este cambio genera una serie de preguntas.

La primera que me surge, es si la totalidad de los establecimientos (o siquiera la mayoría) cuenta con la infraestructura y el material suficiente para integrar 27 nuevas asignaturas electivas. Hoy en Chile, aún hay establecimientos que no tienen Jornada Escolar Completa, debido a que carecen de la infraestructura necesaria, mientras otros que ya la implementaron, aún tienen poca cantidad de salas y ningún espacio para implementar laboratorios, talleres o incluso comedores.

La segunda situación que se puede presentar, será sobrecargar aún más de trabajo docente a los profesores que, para no ver reducida su carga académica y horas de trabajo, tomarán las asignaturas electivas asociadas a su disciplina (Participación y argumentación en democracia, Comprensión histórica del presente, Geografía, territorio y desafíos, Economía y sociedad en el eje de historia por ejemplo). Esto, para quienes ejercemos la docencia en aula, sabemos que significará mayor trabajo administrativo, sea para preparar material (el cual está en constante renovación), planificación de clases y unidades, entre otros.

El tercer punto, refiere a la capacidad del profesorado para realizar estas asignaturas electivas, ya que en muchos casos, no ha existido una renovación de las mallas académicas de las carreras de pedagogía, lo que evidencia a su vez una falta de coordinación en estas políticas entre las casas de estudio y el MINEDUC. Tampoco existe disponibilidad de cursos en el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigación Pedagógica (CPEIP) para quienes deseen prepararse en estas nuevas asignaturas, que debiesen ya haber estado disponibles, si el actual cambio curricular ya se vislumbraba desde hace algunos años atrás.

El cuarto punto, que genera dudas, refiere a mi disciplina, a historia. ¿Puede considerarse electiva, una asignatura que desde los antiguos griegos y romanos fue considerada como una de las más importantes en la formación de los ciudadanos? Aunque se señale que existirá formación ciudadana, es indiscutible que los contenidos que actualmente se ven en tercero medio (Historia de Chile del siglo XX) quedarán reducidos a su mínima expresión en el plan de segundo medio. Es preocupante, que precisamente el siglo en que se da el climax de la “cuestión social”, las organizaciones obreras, se delinean los partidos y doctrinas políticas (la mayoría vigentes hasta hoy), los gobiernos radicales, los gobiernos estructurales (Alessandri, Frei y Allende), el quebrantamiento de la democracia, la supresión del estado de derecho, la implantación del neoliberalismo y la recuperación de la democracia, quedará reducido, en esa mezcla que es actualmente el plan de estudios de segundo medio en historia. Sí, es cierto, el contenido “se verá” en segundo medio, este está tan reducido, que no existirá tiempo de profundizar en muchos de los contenidos. No está de más señalar también, que en los colegios y liceos vulnerables, difícilmente se logra ver todos los contenidos, ello debido a que nuestros planes de estudio parten de la base de un conocimiento y habilidades previamente adquiridas, que muchos estudiantes no tienen poseen y que perfectamente abre un tema que da para otra columna de opinión ¿Cómo asegurar el éxito de este nuevo plan de asignaturas electivas en un sistema educativo tan segregado y profundamente desigual?

El quinto punto (y el más preocupante) es la insignificancia que tiene para los sucesivos gobiernos, la opinión de los docentes.

Ha sido recurrente que a través de los años, las políticas educativas se han realizado sin la consulta de los profesores que trabajan directamente en el aula. Ocasionalmente se han pedido opiniones, han formado parte de equipos “multidisciplinarios” de trabajo, pero, en el mejor de los casos, siempre siendo minoría. Sin ir mas lejos, basta ver cuantos ministros de educación desde el retorno a la democracia han sido pedagogos de profesión, siendo estos contados con los dedos de una mano y, más preocupante es, el desconocimiento de estos en el ejercicio de la profesión en el salón de clases.

Pese a que diversas publicidades de bien intencionadas organizaciones y fundaciones, llaman a los estudiantes de excelencia a ser profesores y que el estado entrega becas a quienes alcancen puntajes destacados en la PSU, la valoración del magisterio por parte de los sucesivos gobiernos ha sido nula, al excluírseles de la discusión, proposición y aplicación en las políticas educativas.

Por último, cabe también decir que la valoración negativa o inferior que sufre la profesión de pedagogo también encuentra su raíz a nivel de la sociedad civil. Son comunes los motes de “pobresor” o los intentos de muchos padres e individuos para persuadir a los estudiantes a elegir cualquier otra carrera en vez de pedagogía, porque “tú tienes cabeza para más”, e incluso los medios de comunicación, que en temas de educación citan a una infinidad de profesionales (ingenieros, sociólogos, políticos, economistas, abogados), excepto a pedagogo.

Así, lo sucedido hoy con el anuncio del cambio curricular, no es más que un hecho más que evidencia lo prescindible que es el magisterio de la educación en las materias que le afectan directamente, situación que no sucede con abogados, médicos o ingenieros. En definitiva, una desvalorización de la profesión docente desde las políticas de gobierno, pero también desde la sociedad civil.

Me hubiese gustado, que así como la ministra Cubillos, envía correos electrónicos para informar sobre lo “deficiente” del sistema de admisión escolar y lograr apoyo para el proyecto “aula segura”, también usara dicha plataforma para informar e integrar en esta y las futuras políticas a quienes estamos día a día en el aula, quienes evidenciamos las brechas sociales y lo desigual del capital cultural de nuestros estudiantes y también, quienes sufrimos la puesta en marcha de políticas educativas que no se construyen a partir de la realidad de las aulas de nuestro país.

Cristobal Catejo Chacón
Cristobal Catejo

Profesor de Historia, Geografía y Cs. Sociales.

Hincha de Ñublense.

Columnista desde la mente, relator desde el corazón.

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